jueves, 14 de junio de 2012

AOIZ. COSTUMBRES DE ANTAÑO. LA MATANZA DEL CERDO

   Recordando las antiguas costumbres practicadas en la Villa de Aoiz, viene a nuestra memoria, una vieja costumbre que tenía un gran arraigo entre las familias y que ha desaparecido casi por completo en la actualidad. Nos estamos refiriendo al " matacherri ", que se realizaba en casa de mis abuelos maternos Leoncio y Juanita, y que reunía a la familia Nagore conjuntamente con la familia Villanueva, en el "Rincón" lugar de Aoiz donde vivían.
   El principal personaje de este acontecimiento era el "matarife", en este caso el señor Martín Villanueva, que era el encargado de sacrificar al "cuto, cerdo, etc...",y posteriormente realizar el resto de tareas esenciales de la matanza.
   Como las condiciones económicas de las familias no eran muy boyantes en aquellos tiempos, era la crianza de uno o dos cerdos, su posterior engorde y sacrificio, una de las fuentes de suministro de morcillas, tocino, lomo, jamón, longaniza, y de otras partes del animal las que proporcionaban los alimentos necesarios para completar el sustento diario de las familias. Éstas, con un importante número de hijos y esencialmente campesinas tenían en la cría y sacrificio  de animales domésticos, una reserva de alimentos muy necesaria para la supervivencia.
Pintura. Matanza del cerdo
Muerte y sangrado

   El sacrificio del cerdo, acontecimiento a que nos referimos, se realizaba siempre en los meses de más rigor invernal, por aquello de que en tiempo frío y seco era el mejor para curar las carnes y demás productos elaborados y evitar así la peligrosa "moscarda", que podía originar la pérdida de los tocinos, jamones y otras partes sensibles del animal.
   Pues bien, se juntaban en dos ocasiones las familias Nagore y Villanueva, para sacrificar en fechas diferentes a los animales criados por cada una de ellas, de esta manera se ayudaban entre ellos para hacer posibles los trabajos de la matanza en dos días. Era el señor Martín Villanueva (Casa Chacolí), el encargado del sacrificio, debido a su habilidad en el manejo de las herramientas para este cometido. También era la persona que fijaba la hora y el lugar para realizar todas las operaciones que ocasionaba la matanza. En los años 50 del siglo XX se permitía estos trabajos en la proximidad de los domicilios, y era en el "Rincón" situado en la calle La Villa  nº 1, lugar donde asistí con la perplejidad en mis años de juventud, a este acontecimiento tan singular.
   Una operación previa se tenía que realizar antes de la muerte del animal, consistía en la provisión de un buen fajo de "ollagas y otaberas", que su utilizarían para una operación que detallaremos posteriormente.
   Llegado el día y sacado el cerdo de su "pocilga", con la ayuda de varias personas de ambas familias, se tumbaba al animal sobre un banco de madera, procurando inmovilizarlo para que el "matelechón" acertara en la operación de sangrado y muerte rápida. En nuestro caso, sujeto el animal, el Sr. Martín provisto de un afilado cuchillo que se lo introducía en la aorta era la mano ejecutora. La sangre vertida se recogía en un gran barreño colocado para esta recepción por la "mondonguera", generalmente la dueña de la casa, y que batía constantemente la sangre para evitar su coagulación.
Matanza del cerdo.
Quemado exterior
   Esta operación era muy importante para luego obtener exquisitas morcillas, mezclando la sangre con arroz, cebolla, manteca y otros ingredientes, metidos en trozos de intestino grueso del animal convenientemente limpios, y darles después una adecuada cocción. En esta primera operación era muy importante la "mano del matarife", para obtener un buen sangrado del animal, vital en las operaciones siguientes y la calidad de los productos obtenidos en su posterior despiece. Después de la muerte del animal, se procedía a situarlo en el suelo, en este caso en la calleja próxima, se le cubría de "ollagas y se encendían, hasta conseguir que se quemara todo el pelo que cubría su piel exterior.
   A continuación se procedía mediante un utensilio cortante y apropiado, a la limpieza de toda la superficie exterior chamuscada del animal, dejándola lo más limpia posible, ayudando la operación con abundante agua. Especial cuidado en la limpieza de patas y orejas del cerdo completaban esta costosa operación, esencial para la buena obtención de cada una de las partes en que se dividirá la pieza sacrificada. Una vez limpia el exterior del cerdo era necesario el colgarlo de las patas traseras boca abajo, ya que la operación de abrirlo en canal requería esa posición.
   Con un cuchillo bien afilado y con un especial cuidado el matarife Sr. Martín, abría el vientre del animal desde arriba (cola), hacia abajo (cabeza), extrayendo todas las vísceras y depositándolas en vasijas de varios tamaños. A continuación se procedía a la extracción de las partes grasas que cubrían las entrañas, de las que se obtendrá la manteca, otro producto importante utilizado para la cocina casera.
   Luego se limpiaba todo el interior del animal, se coloca una caña o palo abriendo el costillar, y se le dejaba colgado durante todo el día en un lugar fresco, al norte y en corriente para que se enfríe y oree. También se aprovechaba para cortar pequeños trozos de carne y vísceras, para llevar al veterinario, por aquello de la "triquina".
Matanza del cerdo
Preparado para trocear

   Una preocupación importante que se toma al abrir el cerdo en canal, se refiere a dar un corte al esófago en su parte más próxima a la garganta y hacer un nudo allí y en el intestino inmediato al ano, para evitar la salida de la porquería del buche.
   Con las vísceras en el exterior, era el momento en que las señoras de la casa, en este caso mi abuela Juanita por parte de los Nagore, y la señora Ángela por parte de los Villanueva, eran las encargadas de limpiar en abundantes aguas la tripicallería. El matarife, y los demás ayudantes, una vez limpio el animal daban por terminada su labor.
   Había llegado el momento importante del almuerzo, se preparaba una sartenada de trozos de hígado hechos con abundante acompañamiento principalmente de cebolla, luego unas nueces para postre, café y una copita de "pacharra". Siempre se ha almorzado el hígado, sin ningún miramiento de preocupación, por creer que es la única parte del cerdo a la que no ataca la "triquina". Cuando el "matarife es de casa, en este caso el señor Martín, se deja reposar el cerdo hasta el día siguiente, como hemos señalado con anterioridad para trocearlo, ya que en frío, tanto los solomillos como el lomo se arrancan y salen con más facilidad.
   A continuación entra en escena el personaje más importante de la matanza : la "mondonguera". Las mejores las  mayores, por ser las más experimentadas, en este caso tomó las riendas mi abuela Juanita, al ser la matanza en nuestra casa del "Rincón". Lo primero que se hace son las morcillas. Su formula e ingredientes, siempre sobre la base de la sangre del animal, varían según las costumbres de cada lugar de Navarra.
   En nuestro caso Aoiz, la formula incluía el arroz cocido, manteca, cebolla y sal esencialmente. Tras cocerlas en enormes calderas, pinchándolas para que no se revienten, se depositaban sobre paños de cocina colocados en la mesa.
Matanza del cerdo.
Embutidos y otras piezas del animal.
   Al día siguiente, por la tarde, entraba de nuevo en faene el "matarife" el citado señor Martín, con el pesaje y descuartizado del animal, recogiendo las partes en canastos y subirlos a casa donde seguiría el ajetreo. Se separaban primeramente los lomos y costillas que se ponían a buen recaudo para ir comiéndolas durante el año, previo tratamiento de conservación. Luego, se separaban los traseros "jamones",delanteros y tiras, que también serían sometidos a otras operaciones de conservación. Anteriomente se separaban la cabeza y patas del animal para darles el oportuno tratamiento, en su posterior consumo.
   En otra parte de la vivienda continuaba el trabajo de la "mondonguera" preparando las carnes sobrantes del animal, obtenidas de las operaciones anteriores, para realizar los famosos embutidos, que en Aoiz eran esencialmente : la longaniza, el chorizo y la virica, según los componentes que componían su elaboración. El tipo de carne muy picada y aderezada con pimentón, sal , ajo, constituía una masa que se envasaba mediante maquina en los diversos intestinos del animal.
   En estos trabajos mi abuela Juanita ponía todo su saber y buen hacer para que saliesen los embutidos y morcillas de un gusto tan exquisito, que fuesen la admiración de propios y extraños, ya que estos eran detalles que siempre se comentaban entre la vecindad y le otorgaban la consideración de buena "mondonguera".
   Después de obtener los diversos productos de le matanza, llegaba la operación de preparación de "presentes". Consistía en separar varios lotes, compuestos por una morcilla, un trozo de tocino, un pedazo de hígado, un trozo de costilla, y otro de lomo, que se enviaba a casa de parientes y allegados. No obstante esta salida de parte del cerdo, tenía su compensación a través de otros "presentes", y que servían de "ordea" de nuestro anterior envío. Esta era una forma de participación de los allegados a la familia, del importante momento que suponía la matanza.
   Pasados unos días se procedía a salar los tocinos, jamones y poner en manteca los lomos del animal, que aportarían durante el resto del año, unos alimentos necesarios para ayudar al mantenimiento familiar. La matanza del cerdo se repetía cada año en la casa de mis abuelos maternos, en el "Rincón" de la calle de la Villa de Aoiz, como si fuera un ritual su práctica, hasta que el fallecimiento de los mismos y la pérdida de antiguas costumbres, determinó su desaparición.
   Hoy día esto es solo historia, de unos años de nuestra juventud, que quedaron fuertemente grabados y que representaban una forma de vida en los pueblos de ámbito rural como era el que se vivía en el Aoiz, entre los años 1945-1960.



miércoles, 13 de junio de 2012

¿QUIÉN DIJO VÉRTIGO? (XXIII): JEB CORLISS, ¡ VAYA PÁJARO !

En la última entrada de vértigo Jeb Corliss nos regalaba con uno de los saltos más difíciles que haya realizado nunca, en Suiza. Este californiano que se viste de negro y que me recuerda a una mosca cuando se pone el casco, explica el salto, sus dificultades, el volar alto desde el principio para coger con "seguridad" la entrada del barranco. Hasta nueve veces lo repitió, sin margen al error.

Acababa el anterior "vértigo" dando a Corliss el valor de corage que necesita un ministro de economía con la que está cayendo. No puedo evitar recordar al ministro Luis de Guindos, su presidente y toda la cohorte del partido, la oposición y demás expertos en economía explicando las diferencias entre préstamo, rescate, intervención y demás rollos que se inventan para no llamar a las cosas por su nombre.

A Rajoy se le podría decir cuando habla del préstamo ventajoso conseguido de Europa que saneará la banca española: -¡No, eso es imposible!

Eso mismo para Corliss es un alago porque tiene asumido que su vida es un imposible, pero nuestros políticos, que tienen un ego como el de Corliss que bendice el día en que nació, dudo, sin embargo, que sean capaces de reconocerlo, que no es posible arreglarlo, quiero decir, y que lo seguirán intentando llevándonos a todos al vértigo extremo.
¡ Ay, ay, preparémonos !





jueves, 7 de junio de 2012

REVUELTO DE IMÁGENES A LA SALSA DE MÚSICAS AROMÁTICAS (VI): NAVARRA DE PIEDRA

Que hay mucha piedra con arte y con historia en Navarra no es descubrir nada nuevo. El vecino y el visitante pueden disfrutar del paisaje mineral esculpido y ordenado por el hombre. Veamos y reconozcamos algunos ejemplos.




martes, 5 de junio de 2012

¿QUIÉN DIJO VÉRTIGO? (XXII): VOLANDO COMO LOS PÁJAROS

No podemos evitarlo, la realidada nos lo exige. Tenemos que seguir preparándonos y adiestrándonos en relación al vacio para evitar sufrir el vértigo. Que si la bolsa cae en picado, que si la "prima" loca como siempre, pero para arriba, que si ahora el rescate, que si suave, que si después la intervención, que si las tensiones de liquidez y todas esas pantomimas que se inventan los políticos y sus "técnicos" economistas para no llamar a las cosas por su nombre.

Es curioso, a veces la historia repite situaciones pero a la contra. En los Flandes se amenaza a los niños con el que vienen los españoles. Ahora se habla en España de la inevitable visita de los hombres de negro de Bruselas.

Para curarnos en salud lo del vértigo y el vacio hoy traemos otro de esos saltos imposibles de Jeb Corliss en Suiza. Viste de negro, sí, pero no vigila ni atiende más que a su economía y su seguridad. ¡Cómo busca el barranco pasando entre los dos abetos! De ahí el título del salto "Grinding The Crack" "puliendo la hendidura". Es increíble cómo pasa rozando el suelo en el punto de los globos a 300 km/hora.

No me cabe duda, Jeb tiene pasta de ministro de economía y finanzas.




NUESTRA VISITA A UNO DE LOS CONFINES DEL ANTIGUO REINO DE NAVARRA. EL DESPOBLADO Y MONTE PEÑA.

Nuestro objetivo en este último fin de semana del mes de mayo ha sido, la visita al lugar del despoblado de Peña y alcanzar la máxima altura de la sierra de Peña, confín de Navarra con la vecina provincia de Zaragoza en la comunidad  de Aragón. Se encuentra el despoblado a 58 kilómetros de Pamplona. Para llegar a este lugar, hay que dirigirse en dirección Sangüesa desde la capital navarra, tomando la Autovía del Pirineo A-21 y salir en la derivación "Venta de Judas", y por la Na-127, llegar a la ciudad sangüesina. Desde aquí se toma la carretera hacia Sos del Rey Católico, hasta llegar a Gabarderal.
   En este pueblo de colonización nace una carretera, que en dirección izquierda, tras recorrer unos cuatro kilómetros nos lleva hasta el caserío de Torre de Peña que pertenece al municipio de Javier. En este complejo de viviendas , capilla o ermita, establos y otros edificios, residen los trabajadores de la finca de propiedad privada y en ocasiones los propios dueños de estos lugares; que también son propietarios del despoblado de Peña con los edificios que contiene.
 Aledaños de Torre de Peña. Lugar de salida
Al fondo Sierra de Peña.

   Hacia Torre de Peña nos dirigiremos en primer lugar. Se recomienda dejar el coche en la explanada que hay antes de llegar a la finca, y desde este lugar tomar el camino de subida al despoblado de Peña (820 metros de altitud, con un desnivel de 300 metros desde la partida).
   Se trata en principio de un recorrido de escasa dificultad, que discurre en su primer tramo por la "cañada de los roncaleses y salacencos, la cual atraviesa el caserío Torre de Peña y se adentra en un magnífico encinar que cubre las laderas de estos montes, en un paisaje de carácter totalmente maditerráneo.
   Una vez dejada atrás una vaquería y una casa de aspecto solariego, junto a una casa blanca, surge una pista, vestigio de la citada cañada, que continua y se dirige hacia el despoblado de Peña. Después de un recorrido por esta pista, aparece una indicación a la izquierda, tomando ahora una estrecha senda próxima a una elevada valla, en dirección noreste.
   La senda va tomando altura y tras pasar por las proximidades de una borda de ganado, se introduce en un abigarrado monte bajo, compuesto por bojes, carrascas, enebros y otros arbustos menores como lavanda, tomillo y madroños. La primavera, en todo su esplendor, nos proporciona unos colores y unos aromas dignos de privilegiados.
   Muy pronto aparecerá ante nosotros, todavía un poco alejada la parte más alta de un castillo, parcialmente derruido, fortificación que en su día ejerció de vigilancia entre los antiguos reinos de Navarra y Aragón; en unas tierras sacudidas por escaramuzas continuas, en defensa de estos territorios fronterizos. Como vestigios del castillo, en la parte más alta de la meseta se alzan los restos de las torres defensivas.
 Despoblado de Peña.
En la parte superior los restos del Castillo.

   En este momento conviene hacer un poco de historia, para conocer la importancia de Peña y su castillo, ya que este lugar era una de las fortificaciones de vigilancia y defensa entre los reinos citados de Navarra y Aragón.
   Camuflado en su plataforma pétrea, este antiguo  pueblo de señorío, ha sido escenario de románticas historias, que sintonizan muy bien con su carácter fronterizo. Según nuestras noticias, en el siglo VIII hubo arriba un monasterio, que sería regentado por el abad Virila, el cual pasó de aquí al monasterio de Leire, siendo protagonista de su sueño infinito oyendo cantar a un jilguero.
   Con todo la historia más conocida es la que vincula el actual desolado con el castillo, que el rey de Navarra Sancho III el Mayor levantó en el siglo XI para defender Navarra frente al Islam. Se dice, que los árabes llegaron a entrar en Peña, pero no consiguieron conquistar nunca esta fortaleza inexpugnable, que pasó de Navarra a Aragón, en el siglo XII, con vuelta a Navarra en el siglo XIII.
   La función de control fronterizo y atalaya vigilante que cumplía este pueblo fortificado frente al reino de Aragón fue responsabilidad directa de la corona navarra hasta el año 1434, fecha en que Juan II la donó al caballero Juan de Ezpeleta. Así pasó este pueblo de realengo a convertirse en señorío. Para entonces habían terminado ya las hostilidades con Aragón, y ya no era tan importante la defensa.
   La torre del homenaje del castillo fue desmochada por Cisneros en el siglo XVI, por motivos obvios, el edificio más antiguo es la iglesia dedicada a San Martín de Tours. Este templo se construyó entre los siglos XII y XIII, a partir de una torre de vigilancia. Bajo este edificio, se encontraba uno de los dos accesos principales al recinto amurallado.
Despoblado de Peña. Iglesia de San Martín de Tours.
Acceso superior al antiguo recinto amurallado.

   En este curioso escenario que parece un tobogán para edificios de piedra, vivían todavía en la primara mitad del siglo XX alrededor de un centenar de personas dedicadas a la agricultura y ganadería. El bosque de encinas que cubre el entorno, ofrecía además caza y leña para completar las economías domésticas de los lugareños, en su mayoría colonos o empleados de los propietarios del viejo señorío. El núcleo se abandonó definitivamente en el año 1955, y los habitantes que quedaron - trabajadores y propietarios - pasaron a residir en Torre de Peña, una especie de barrio situado en el llano, a cuatro kilómetros del despoblado, donde se hicieron las casas de los señores, la iglesia-escuela y la casa grande con las viviendas de los trabajadores.
   Continuando con la visita a estos lugares, la senda de acceso que hemos llevado, nos introduce en Peña por la parte inferior del despoblado. La salida hacia la parte superior de la Sierra de Peña la realizaremos por la hermosa puerta de arco medieval de medio punto, que se encuentra debajo de la iglesia de San Martín de Tours.
   Tomamos ahora la dirección noreste, y después de andar un pequeño tramo de un amplio camino de retorno en dirección sur, aparece a la izquierda una senda empinada que nos conduce hacia otro lugar singular de este recorrido, el antiguo cementerio de Peña.
 Cementerio antiguo de Peña.
Placa conmemorativa del capitán Walker.

   La singularidad de este lugar, a nuestro entender, tiene dos motivos : el primero de ellos es encontrar en dicho cementerio unas hermosa estelas funerarias, situadas sobre las sepulturas de los antiguos vecinos de Peña, y lo más llamativo una singular lápida de mármol, que hace referencia al capitán Walker, aviador inglés, que el día 11 de noviembre de 1943 vino a estrellarse casualmente en este apartado rincón de Navarra. Fue enterrado por los residentes en este lugar y de ahí el recuerdo de este luctuoso accidente en plena II Guerra Mundial.
   La otra singularidad la constituye, una elevada alambrada que aparece pegada a los muros del cementerio y que nos impide el paso hacia el objetivo final, la cima mas elevada de la Sierra de Peña. Esta singularidad, por llamarla de algún modo, es un caso insólito en las rutas montañeras.
   Desde el año 1993, Peña fue cercado con fines cinegéticos y el acceso prohibido ignorando el respeto a las antiguas vías pecuarias y el derecho al paso de servidumbre. De este modo el acceso a la cumbre fue vetado pese a las protestas de la comunidad montañera, que ha reivindicado una y otra vez la situación de desamparo a la que nos vemos sometidos los excursionistas, que simplemente pretenden disfrutar de esta y otras montañas.
   Está claro que el poder de unos pocos, están una vez más, limitando la libertad de un colectivo más amplio. Mientras las autoridades competentes mantienen sus brazos cruzados, optando por el silencio, a pesar de las denuncias presentadas antes las instituciones.
   En las proximidades del cementerio, encontramos un pequeño buzón montañero (884 metros de altitud),erigido en el lugar en el año 1995, como resultado de esta patética situación.
   No obstante queda otra posibilidad, hacer caso omiso a la prohibición y proseguir el camino hacia la cima de la Sierra de Peña (1070 metros), salvando la valla metálica, por lugares que posibiliten hacerlo. Tomamos esa decisión y nos acompañó la suerte, al no encontrar "otros impedimentos", para completar el recorrido.
 Monte Peña (1070 metros).
Buzón. Santa María de Sangüesa.

   Una vez superados los obstáculos, una pendiente gradual nos llevó a través de un camino muy señalizado a lo más alto de la Sierra de Peña. En este lugar encontraremos un hermoso buzón montañero, en el que se representa, construido en acero inoxidable, una representación de la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa. También se sitúa, una señal geodésica con indicación de la altitud de esta cima.
   En este lugar elevado, con hermosas vistas en las cuatro direcciones, los amigos "matarrasa",aprovechamos para tomar el habitual almuerzo reparador, comentando las muchas incidencias de este singular recorrido. 
   Para retornar al lugar de salida, volvemos al despoblado de Peña, y a través de una amplia pista que nace en la parte más alta del mismo, nos dirigimos en claro descenso hasta llegar al poblado de Torre de Peña. El camino se realiza primero por un hermoso encinar, y en la parte más baja entre fincas de laboreo y pradería. Desde Torre de Peña un pequeña tramo de pista nos lleva al lugar donde hemos dejado los vehículos.
   Volvemos a Pamplona-Iruña después de una salida inolvidable.
  
  

  

lunes, 4 de junio de 2012

LOS PATERNAIN EN MUZQUI (GUESALAZ). SIGLO XVIII. PROCESO POR DERECHOS DE UTILIZACIÓN DE ESCUDO PATRIMONIAL. 1ª PARTE

   Siguiendo con la historia de los Paternain, a través de la información que podemos estudiar y trascribir en el Archivo General de Navarra, ha llegado a nuestras manos un proceso muy interesante, que nos puede acercar a conocer aún más la expansión familiar de este apellido dentro de la geografía de Navarra.
   Este proceso completo con  la numeración 219111, trata sobre todo el conocimiento de una acusación a un miembro de la familia. Está planteado en el año 1780 (Siglo XVIII), y para nuestra información podemos transcribir la primera página de este documento "cara principal", que expresa lo siguiente : "Proceso del Fiscal de S. Majestad, contra Fermín de Paternain natural del lugar de su apellido y vecino del lugar de Muzqui por si, y en representación de Blas Martín, Thomas, María, Fausta Nicolasa, María Josepha, y María Felicia de Paternain sus hijos, y Pablo Francisco de Paternain su nieto, sobre denunciación de escudo de armas, por haber fijado uno en el frontis de su casa".
Fachada exterior. Casa en Muzqui
Escudo de hidalguía

   El documento completo se compone de 227 hojas debidamente documentadas y numeradas, que nos permiten obtener una amplia información sobre el traslado de una parte de la familia Paternain al lugar de Muzqui (Valle de Guesalaz), desde su lugar de origen el concejo de Paternain (Cendea de Cizur).
   Según la información obtenida en los documentos parciales, el Fiscal como representante del Virrey de Navarra, celoso por mantener el orden en estos sus dominios, denuncia a Fermín de Paternain ante los máximos estamentos del Reino; por haber colocado en el frontispicio de su vivienda, en el lugar de su residencia Muzqui, el escudo de hidalguía que le pertenece por tenerlo en la casa de sus antecesores.
   A través de una transcripción del documento del Fiscal, inserto en las páginas 1 y 2 de estos documentos se establece : "Primeramente, que por las repetidas leyes de este Reino se haya dispuesto, que ninguna persona de cualquier estado y calidad que sea, pueda usar ni poner en el frontis de su casa, ni en otros parajes públicos, el escudo de armas con divisas e insignias de hidalguía y nobleza, no tocándoles ni perteneciéndoles legítimamente; bajo penas que las mismas leyes prescriben contra ellos, a que se remite en prueba este artículo, y en lo necesario dirán los testigos cuanto supieran en su razón".
   "Ítem, que dicho Fermín de Paternain contraviniendo a las mismas leyes recientemente ha fijado y puesto en el frontis de su casa sita en dicho lugar, un escudo de armas compuesto por diferentes divisas sin que ninguna de ellas le toquen ni pertenezcan por titulo alguno, de las cuales está usando pública y notoriamente, en perjuicio del derecho de Vuestra Majestad el de la nobleza, y en contravención a las citadas leyes, como es público y notorio, y en lo necesario dirán los testigos cuanto sepan en su razón".
   "Ítem, que el insinuado Paternain, en lo expresado ha cometido grave exceso e incurrido en las penas que las leyes prescriben, como es cierto dirán los testigos cuanto supieren en su razón".
Página 19 del proceso.
Referencia al escudo de armas

   Esta es en síntesis la acusación que presenta el Fiscal, con fecha 8 de julio de 1780, ante la Corte Mayor del Reino. Los documentos siguientes que se presentan ante el Tribunal  por parte de Fermín de Paternain, comprenden declaraciones de testigos y pruebas para defender su estatuto de nobleza, y que le permita seguir manteniendo el escudo de armas, que ha colocado en su casa de Muzqui, sin ser sometido a ninguna condena ni sanción penal.
   En primer lugar aparece un interesante documento con fecha 12 de julio de 1780, en donde la persona encargada por el Fiscal para comprobar  la colocación del escudo nos proporciona la descripción detallada del mismo. Esta es la trascripción : "Habiendo visto y reconocido con particular cuidado el escudo de armas, que está recientemente puesto en el frontis de la casa de Fermín de Paternain, he hallado que son dos escudos, aunque incluidos en la misma piedra. Que el que se ve en la parte superior se compone de cuatro cuarteles, que en los dos de ellos contienen dos águilas, y en los otros dos a cada cruz, y debajo de dicho escudo de armas hay un letrero que dice Armas de Paternainen. Y debajo de esta inscripción se halla otro escudo de cinco cuarteles..... ( aquí se inserta una detallada descripción ). Debajo un letrero que dice de los Ciriza". Este segundo escudo pertenece a esta noble familia y lo adopta Fermin de Paternain ya que su heredero se ha casado con una doncella de este linaje.
   Después de tres siglos de esta noticia, reflejada en los documentos de este proceso, hoy día aún podemos comprobar en una de las fachadas de una casa en Muzqui, el escudo descrito en dicho documento. ¿Será esta la casa original del citado Fermín de Paternain ?. Será un dato que quizás, en algún otro documento y otro tipo de averiguaciones, nos lo pueda confirmar.
   Volviendo al proceso, uno de los argumentos más firmes que presenta el acusado a través de su procurador Sebastián de Barricarte, son avalados por varios testigos, ratifican que los antepasados de dicho acusado del lugar de Paternain, han sido y tenido por nobles hijosdalgo como es público y notorio.
   Aconpaña a esta testificación un extenso documento de 20 apartados en el que se aportan un gran número de argumentos que intentan avalar la condición de nobleza de Fermín de Paternain y su derecho a incluir en la fachada de su casa y en los lugares que estime oportuno, su escudo, de armas como lo determina su condición de nobleza.
   El articulado es muy interesante para conocer datos de la familia, que se remontan a los orígenes del apellido Paternain, y nos proponemos en otra comunicación completar la información de este singular personaje Fermín, que demostrará ante la Corte de su Majestad, la potestad de utilizar su escudo de armas, en contra del criterio del Fiscal.   
 Página 68 del proceso.
Extensa información sobre la familia
   Por otra parte y como ratificación de lo expresado, hemos encontrado en el libro nobiliario del Reino de Navarra la siguiente aportación :
       Tomo I. Nobleza Ejecutoria de los Tribunales Reales de la Corte y Consejo de Navarra (1519-1832) de José María de Huarte y Jauregui. Archivero del Archivo de Navarra.
   En la Sección Primera. Razón de los Procesos sentenciados de Nobleza del oficio de Juan José de Azcárate escribano Numeral de la Real Corte  110- Año 1781 Faxo 3º Num.1, Folio 52. Se recoje la referencia del escudo de Armas de Fermín de Paternain, natural del lugar de su apellido y vecino del lugar de Muzqui. Coincide con la descripción que aparece en los documentos del proceso.
   Como argumento al estudio  de la hidalguía y baronía de las casas nobiliarias de Navarra, es importante constatar la defensa que los miembros de la familia Paternain hacen de su posición en la sociedad rural, ya que esta situación suponía una serie de beneficios que ellos defendían con todos sus fuerzas.
   En este proceso, Fermín de Paternain basará su defensa ante la denuncia del Fiscal, presentando ante los organismos competentes, resoluciones que se alcanzaron en el siglo XVI, donde también sus antecesores tuvieron que defender su condición de nobleza ante los poderes públicos del Reino de Navarra.


viernes, 1 de junio de 2012

PRACTICANDO EL WU-WEI DESDE SANTA COLOMA

¡Ah!, se me olvidaba deciros en estas últimas entradas sobre Santa Coloma que si subís a la ermita contemplaréis un paisaje único, con la Berrueza a vuestros pies y divisando todos los pueblos del valle. Merece la pena tomarse unos minutos, descansar de la subida y ver geografía, la sierra de Lóquiz al oeste, Monjardín, Montejurra y Urbasa hacia el norte, Codés y Yoar al sur y para rematar la sierra de Cábrega y el Moncayo al este.

- La ermita de Santa Coloma, templo de sabiduría oriental -
Pero lo que os quiero contar sobre Santa Coloma es lo que me relató un hombre sabio, natural de Mendaza, cuyo nombre no diré, pero que bien podría responder al de Longi-Tse por darle un sabor de gurú oriental. Era un hombre mayor, muy mayor, alto en lo físico y grande en la sabiduría.

Cuando le pregunté por el secreto de su envidiable ancianidad el me refirió que una de las cosas que más le gustaba hacer era subir a la ermita y apoyado en una de sus paredes, quedarse dormisqueando mientras contemplaba el paisaje.

Enseguida comprendí que en realidad lo que Longi-Tse hacía era practicar la “quietud creativa”, el arte del “dejar ser”, el conocido “wu-wei” con el cual se fundía con el entorno y con el paisaje para ser sólo uno. Vamos, que se regalaba unas siestas taoistas que le sentaban de fábula.

Parece que literalmente wu-wei significa, en chino, “no acción”, y se llama así en la filosofía taoísta a la forma más adecuada de enfrentarse a la realidad, la de no actuar. En esto conviene no confundir “no actuar” con “no hacer nada”. En realidad se trata de hacer las cosas de forma natural, sin forzar, dejándose arastrar por el flujo interno de las cosas.

Santa Coloma es un escenario perfecto donde practicar el arte del no hacer, el wu-wei. Dos cómodos bancos nos facilitan la labor, "Pedro" el del valle y "Aurora" el de la montaña. Dicen los que los han probado que según estés sentado en un banco o en otro las sensaciones son diferentes.

- El autor en la ermita de Sta Coloma reposa en el banco de Aurora -
En cualquier caso, Santa Coloma reune las condiciones idóneas para conseguir los tres principios que nos permitirán alcanzar el wu-wei según me contó Longi-Tse:
  • La tranquilidad (el sitio nos facilita conseguir el control físico, emocional y mental de la realidad, lo que nos aboca al sumo relajo necesario para la "desconexión").
  • La ligereza (desde la altura se ve todo más fácil. Desde allí discerniremos lo que es fundamental y lo que es accesorio).
  • La sencillez (Longi era un maestro en gestionar la vida con la menor inversión de tiempo, esfuerzo y energía, lo que los modernos llaman sostenibilidad. - ¿Para qué complicarnos la vida? me decía, ¿para qué plantar aquello que no necesitamos y aparentar lo que no somos? insistía. En Santa Coloma lo tenía todo, no necesitaba nada).
Con el paso de los años y recordando las charlas con Longi-Tse descubrí que sabía más de lo que decía, bastante más de lo que aparentaba y muchísimo más de lo que la gente le atribuía. Aquellas siestas a la sombra de la ermita le permiteron alcanzar el Tao que está dentro de los campos de la Berrueza y seguir su camino. Este era su secreto.

¡Qué grande era Longi-Tse! Grande en todo.