viernes, 15 de febrero de 2013

EN FEBRERO CON NIEVE DESDE EL POLVORÍN AL FUERTE SAN CRITOBAL. MONTE EZCABA ( 895 METROS DE ALTITUD ).

 
   El sábado día 9 de febrero, los planes de salida a la montaña navarra, por parte de los amigos "matarrasa", se vieron perjudicados por lo incierto de la climatología, con abundantes precipitaciones durante todos los días de la semana.
Camino de subida.
Antiguo Polvorín del Fuerte San Cristóbal

   No obstante el amanecer del sábado con un tiempo despejado y sin la presencia de lluvias, nos animó a visitar la cercana montaña de Ezcaba, en donde se sitúa el famoso Fuerte de San Cristóbal, en la actualidad bastante abandonado y sin la presencia de los militares que lo ocuparon años anteriores. La nieve caída en días anteriores nos auguraba bellas imágenes, y con la intención de comprobarlo, además de pasar una mañana agradable, optamos por hacer una visita a estos lugares próximos a la periferia de Pamplona-Iruña.
   La proximidad de nuestro domicilio, determinó la elección del tradicional escenario montañero que sube desde la Txantrea, lugar de nuestra residencia en Pamplona, pasando por las casas de la urbanización Orvina II, por el Polvorín, para seguir por el SL-NA-171, Camino de la Cresta hacia la cima del monte Ezcaba.
Cruce de caminos que suben de Ezcaba
Sendero local GR-220 Vuelta a la Cuenca de Pamplona.

   Se inicia la subida una vez dejadas las casas de Orvina, cerca del Hospital Psiquiátrico de Pamplona, atravesando una pasarela que salva la variante o Ronda Norte de Pamplona. A partir de este paso, se toma la pista asfaltada iniciando el citado Camino de la Cresta.
   Tras pasar al lado de una casa, antigua residencia de los soldados que vigilaban el Polvorín, de unas barracas-huertas en estado ruinoso, giramos hacia la derecha junto a una subestación eléctrica cuya parte superior es un pequeño mirador. Siguiendo en dirección oeste encontramos el Polvorín del Fuerte, que estuvo guardado por soldados del cuartel de Pamplona. Hoy día está muy abandonado, aunque todavía se mantienen en pie los dos puestos de guardia que vigilaban el edificio lleno de municiones de guerra.
   A partir de este punto tomaremos una estrecha senda que circula por las crestas, con un suelo bastante irregular, con una pendiente moderada de ascenso, que permite observar unas magníficas panorámicas de los barrios del norte de Pamplona y los pueblos de su Cuenca.
Pinares de la zona intermedia
de subida

   Llegamos a un cruce de caminos con las pistas forestales que suben del pueblo de Ezcaba. Tomamos la pista principal de la parte izquierda hasta un poste indicador de una S.L. (Senda Local), y las marcas del GR-220, que corresponde a la Vuelta a la Cuenca de Pamplona. Desde este lugar tomaremos el sendero que se adentra en un pinar cercano. Empieza ahora el estrecho camino, siempre ascendente, que en días de lluvia o nieve presenta dificultades debido a su composición arcillosa, tanto en la ascenso como en el descenso.Tomaremos las consabidas precauciones.
   Durante esta primera parte de la subida, ha ido aumentando progresivamente la capa de nieve en el camino, al crecer la cota de altura de la montaña, lo que dificultaba el avance.
   Continuamos por el cresterío, desechando los numerosos caminos que bajan hacia los barrios de Pamplona y el pueblo de Ansoain, y seguimos siempre subiendo hasta encontrar un tramo del sendero paralelo a una alambrada.
   Continuamos entre el pinar y la cresta del monte hasta avistar la carretera principal que sube desde el pueblo de Artica al Fuerte San Cristóbal, el estado de esta vía de comunicación está en un mal estado de conservación. Sin bajar a ella, seguiremos por la senda que pasa cerca de unas lápidas y el monumento a los fusilados de la Guerra Civil, después de la famosa fuga del Fuerte San Cristóbal donde estaban recluidos, en el año 1938. Cuando llegamos a este lugar la gran cantidad de nieve acumulada nos ocultaba este monumento. 
Parte alta del monte Ezcaba.
Fuerte de San Cristóbal
   Precisamente la cantidad de nieve existente en esta parte alta del monte determinó que bajáramos desde la cresta a la carretera general antes mencionada y a través de ella llegar hasta la entrada del Fuerte San Cristóbal.
   El recorrido del último tramo del ascenso lo realizamos por la carretera con suave pendiente, totalmente cubierta con una importante capa de nieve de unos 40 centímetros de espesor. Los que ascendimos a la parte alta del monte Ezcaba lo hicimos a través de una estrecha senda abierta, por la dificultad que entrañaba la altura de la nieve depositada en toda la zona.
   La máxima altura de 895 metro, no se puede alcanzar por estar en una zona cercada por las autoridades militares, que impiden el acceso.
   La entrada al Fuerte san Cristóbal también esta cerrada, siendo imposible visitar estas antiguas instalaciones interiores, que fueron cárcel para muchos antifascistas durante la Guerra Civil y el posterior régimen franquista..
Fuerte de San Cristóbal.
Acceso a las instalaciones interiores.

   Eligiendo un pequeño abrigo, próximo al Fuerte, tomamos un pequeño almuerzo para recuperar fuerzas, contemplando un hermoso panorama con vistas a la ciudad de Pamplona, sus barrios periféricos y varios pueblos de la parte norte de la Cuenca de la capital de Navarra.
   Después de realizar unas fotografías de esta parte de la cumbre, insólitas por la cantidad de nieve acumulada, emprendimos el camino de regreso, por el mismo recorrido del ascenso.
   Durante el descenso un brusco cambio en la climatología, originó una nueva precipitación de nieve, que nos alcanzó en la parta final del mismo.
   Este recorrido se puede completar con la bajada desde la cima del monte Ezcaba, partiendo desde la zona de aparcamiento de vehículos, buscando la senda estrecha que baja hacia el lado del pueblo de Berriozar.
   Camino estrecho y poco frecuentado, cruza hasta dos veces la carretera, evitándola hasta llegar a un cruce de caminos marcado con postes. Son restos de los senderos balizados que se prepararon con anterioridad. En concreto nos cruzamos con la senda que baja directamente al pueblo de Ansoain, a mano izquierda. Podemos dirigirnos a esta localidad y probar viejos caminos, en caso contrario a mano derecha seguiremos bajando hasta llegar al casco antiguo del pueblo de Berriozar.
  Fue una agradable experiencia subir al monte Ezcaba cubierto de nieve practicamente desde su base, aprovechando las primeras horas de la mañana que auguraban unas horas sin precipitaciones importantes de agua o de nieve.  
  



miércoles, 13 de febrero de 2013

DESPUES DE LA INDIA VOLVAMOS A CASA

Recuperar las sensaciones y experiencias que vivió Joshi, el yogui de la Berrueza, en sus años de santón en la India ha sido de gran interés. Sin embargo, el trabajo de turista, fuera de casa, pasa factura y acaba cansando. Lo mejor en estos casos es volver a tu casa y visitar los lugares próximos y habituales, volviendo a sentir aquellas emociones a las que estás acostumbrado.

Esto mismo es lo que proponemos con este paseo de día por espacios naturales de Navarra, más bellos si cabe, por diferentes nada más, después de volver de la India.



martes, 12 de febrero de 2013

JUEGOS DE NIÑAS Y NIÑOS EN NUESTRA VILLA DE AOIZ. SEGUNDA ENTRADA

   La situación económica en la Villa de Aoiz no podía ser más precaria después de una posguerra, en la que nuestros padres tenían muchas dificultades para conseguir alimentos para el mantenimiento de la familia. Por lo tanto, pensar en que nos pudieran proporcionar juguetes para nuestra diversión era una utopía. De ahí que para poder completar las horas de holganza de nuestra niñez, era necesario emplear el ingenio y la imaginación en la creación de juegos, con la escasez de medios a nuestra disposición y el alcance de nuestra economía.
Carrete utilizado en el juego del chis.

   Objetos de uso diario en actividades de cualquier índole, podía suponer los elementos necesarios para la creación de una determinada diversión. Una muy curiosa, practicado con asiduidad por nosotros en la niñez, era conocido como el juego del chis.
   Se podía practicar en cualquier lugar de la Villa, el campo de juego podía ser cualquier espacio libre de una calle o plaza, pero las partidas se disputaban generalmente en espacios llanos y limpios sobre tierra compactada. Lugares como la trasera del frontón Toki Eder, las Heras, la Plaza frente a la Iglesia o detrás del Peso, son recordados como los más utilizados para el desarrollo de este juego.
   Los elementos que se necesitaban para realizar esta distracción eran muy sencillos: en primer lugar se disponía de un carrete de madera, que en su origen contenía el hilo empleado por nuestras madres para coser, y que una vez vacío era un elemento base del juego. Una vez posado el citado carrete sobre una de sus caras laterales, se colocaban sobre la otra cara libre un determinado número de cromos, emblemas, monedas, billetes de tren ya utilizados, que eran los valiosos "tesoros de colección", y que se disputaban en el juego. El número de participantes podía ser de 4 ó 5 chicos, que colocaban a partes iguales los objetos a disputar sobre la cara libre del carrete.
Emblemas utilizado como trofeos
en el juego del chis.

   Se marcaba una linea a determinada distancia del elemento reseñado, desde donde se realizaban las intervenciones de los jugadores participantes. Establecido el orden de intervención, el juego del chis consistía en el lanzamiento de una moneda de tamaño grande, con la intención de derribar el carrete con el contenido de los objetos en juego. Para conseguir una parte o la totalidad de los cromos, emblemas, etcétera, objeto de la apuesta, la moneda del tirador debía quedar mas cerca de los elementos citados que del carrete sobre el cual se habían depositado. Había que conseguir, que el carrete al caer rodara un espacio que lo alejara más de los trofeos en juego, que la moneda arrojada por el tirador.
   Una vez realizada la tirada, el jugador retiraba los trofeos obtenidos, si es que conseguía alguno, ahora entraba en juego un segundo jugador y los restantes, que debían colocar la moneda arrojada más cerca de los objetos en juego que el carrete o chis. La partida terminaba cuando cada jugador había conseguido con su habilidad, obtener el mayor número de pequeños trofeos y no quedaban más en esta partida.
Billetes de tren en desuso.
Objetos de apuestas en juegos de niños.
   Se iniciaba una nueva partida, empezando por colocar sobre el carrete, a partes iguales los elementos que se deseaban apostar, y que tenían para nosotros un valor importante, pasando a completar parte de nuestros álbunes de colección los trofeos obtenidos.
   El apostar monedas o billetes en circulación, no formaba parte de nuestras apuestas en el juego del chis, eran los jóvenes de mayor edad los que lo hacían, al disponer de más medios económicos. Este tipo de apuestas estaba prohibido y perseguido por las autoridad competente.
   Otro de las diversiones más sencillos que de niños se practicaba en las calles de la Villa de Aoiz, era el conocido como el juego del pote pote. Para realizarlo se empleaba un elemento muy sencillo, una lata de conservas cilíndrica y vacía de contenido.
   Se juntaban las cuadrillas de amigos o vecinos, en número indeterminado, todos los que deseaban participar. A continuación se colocaba el bote, que de aquí en adelante llamaremos pote, en un lugar visible desde varios ángulos, en cualquier calle, plaza de la Villa, y se determinaba por sorteo, quien de los participantes debía cuidarlo y mantenerlo siempre en posición vertical. Se decía que el elegido "la paraba".
Tipo de bote de conservas vacío.
Similar a los del   juego del pote pote.
   Al empezar el juego el elegido se colocaba de cara a la pared empezando a contar en orden -del 1 al 100 por ejemplo- mientras el resto de los participantes se escondían en lugares de la zona del juego, para no ser descubiertos por el que "la paraba".
   Una vez realizado el contado, este personaje tenía que ir descubriendo a cada uno de los participantes, golpeando el pote contra el suelo a la vez que cantaba el nombre del jugador participante descubierto. Una vez identificado, tenía que salir y acercarse a la zona del pote, quedando temporalmente fuera del juego.
   Si al desplazarse el que "la paraba" a descubrir a cualquiera de los participantes, y uno de ellos llegaba al pote, y lo desplazaba violentamente de su lugar de reposo con un puntapié, el resto de participantes antes eliminados, entraban de nuevo en el juego corriendo a esconderse, antes que el que "la paraba" recogiese el pote y acudiera al lugar donde inicialmente estaba en reposo. Si descubría alguno sin haber logrado ocultarse lo nombraba de la forma descrita, quedando de nuevo fuera del juego.
   Cuando  el que "la paraba", conseguía descubrir a todos los participantes manteniendo el pote de pie en el lugar elegido al iniciar el juego, se daba por concluido. Para continuar jugando había que designar otro niño que sería el "nuevo parador".
   El juego del pote pote, tenía una gran predilección y en él podían participar  niñas y niños. Después de la salida de las escuelas, al atardecer era uno de los momentos propicios para reunirnos y disfrutar de este sencillo juego. Al utilizar como elemento importante del juego, un bote de conservas, esta diversión no tenía coste económico.
Estampa del  juego del burro.
   Durante el desarrollo del juego, el pote solía abollarse por los golpes que se le aplicaban durante los lances de esta diversión, como eran materiales de desecho, su reposición era sencilla y rápida.
   Si el número de participantes era importante, el juego podía tener una gran duración, consiguiendo disfrutar de una divertida jornada con la precaria asignación económica que disponíamos en aquellos años de escasez.
   El denominado juego del burro, es otro divertimento infantil practicado en Aoiz, muy sencillo en su desarrollo y que generalmente lo realizaban solamente los niños, por ser un poco violento en su desarrollo.
   Se formaban dos equipos de jugadores, de cuatro a ocho participantes cada uno. Se elige por sorteo el equipo que la "para". Los jugadores de este equipo se colocan en fila, el primero apoyado de espalda contra una pared o elemento similar; los demás agachados con su cabeza entre las piernas del siguiente jugador, formando una especie de barrera o cama alargada, formada por las espaldas de todos los jugadores agachados.
   Los jugadores del equipo contrario saltan uno por uno por encima del final de la barrera, intentando llegar lo más adelante posible, y han de quedarse sentados en el sitio en el que caen; pueden ayudarse en el salto impulsándose con las manos en la barrera. El jugador que tenga más fuerza y agilidad será el primero en hacerlo.
   Si no consiguen meter todos los jugadores sobre la barrera de los contrarios, pierden el envite y pasan a ocupar la posición del otro equipo o sea ellos la "paran".
En pleno desarrollo
del  juego del burro

   Una vez que todos han saltado sobre la barrera, el primero que lo ha hecho dice a viva voz, "cucharica", "cucharón", "tijericas" o "cuchillos", que corresponden a la situación en que ha colocado sus manos. En el primer caso "cuchara" hace un pequeño cuenco con una mano, en el segundo "cucharón" el cuenco lo hace con las dos manos. La expresión "tijericas" corresponde a la posición de dos dedos de la mano formando un aspa, en el caso de "cuchillos" corresponde a la posición de un dedo de la mano en posición vertical.
   Si cualquiera del equipo que la "para" adivina la posiciones indicadas de las manos, se deshace el juego y se invierten los papeles de los equipos. Lógicamente el primer jugador de la barrera, que ve lo que pasa, no puede hablar ni hacer ningún gesto con el cuerpo que haga referencia a la pregunta. Si los jugadores de la barrera no adivinan la posición de las manos del primer jugador, o la propia barrera de jugadores se derrumba antes de tiempo, se mantienen los papeles de los dos equipos. Y así sucesivamente.
   Es importante en este juego tanto la solidez de la barrera de uno de los equipos, para mantener sobre sus espaldas el peso de los saltadores, como la habilidad del otro equipo para colocarse lo más adelante posible de la barrera y dejar espacio para la colocación adecuada del resto de jugadores.
   Durante la celebración de este juego era interesante que hubiese alguien que no jugara, pero que fuera una especie de controlador para evitar irregularidades en el desarrollo del mismo. A veces a este personaje se le llamaba "madre".
   Esta diversión era un poco violenta, y normalmente era desarrollado por chicos, estando ellas contemplando el juego y así medir la fortaleza y agilidad de cada uno de los participantes.
 En próximas comunicaciones, seguiremos comentando nuevos juegos de nuestra niñez en la Villa de Aoiz.




jueves, 7 de febrero de 2013

LO QUE JOSHI VIVIÓ EN EL KUMBH MELA (y IV): EL BAÑO Y LUEGO EL MASAJE ESPIRITUAL

Con el grito de "en el nombre de Dios" una procesión de sadhus se dirige al Ganges en una exhibición colectiva de devoción y de fe. Joshi estaba excitado, al igual que los santones que vemos en el vídeo, esperando el "Royal Bath" como así llaman al baño de los elegidos con el que esperan superar el ciclo vicioso de muerte y reencarnación. Joshi lo entendió así y no quería volver a reencarnarse en otro chicarrón navarro más.

Después del baño purificador, su fe y su santidad necesitaba seguir creciendo. El gurú le mandó a las montañas a experimentar en la austeridad para conseguir la purificación y en la introspección para lograr la iluminación.




martes, 5 de febrero de 2013

LO QUE JOSHI VIVIÓ EN EL KUMBH MELA (III): PREPARADO PARA EL BAÑO PURIFICADOR

Seguro que Joshi experimentó una larga noche de iluminación donde meditó sobre la unidad de todo y que Dios está en todo. Luego, su preparación para el gran baño purificador. Desnudo y cubierto de ceniza, como metáfora de la eterna nada, en el nombre de Dios, Joshi se dirigió al Ganges junto al resto de sadhus con sus guirnaldas de crisantemos. Así desfiló Joshi, nuestro yogui de la Berrueza.



domingo, 3 de febrero de 2013

LO QUE JOSHI VIVIÓ EN EL KUMBH MELA (II): EL GURÚ TE GUÍA EN LA OSCURIDAD

La experiencia del Kumbh Mela vivida por Joshi fue algo brutal para un chico nacido en Mendavia. Una sacudida espiritual que le cambió la vida y confirmó su plan vital de utilizar su existencia en aliviar el condenado ciclo de muertes y reencarnaciones, y poder alcanzar la santidad en una tacada.

Para comprender un poco más lo que experimentó Joshi en aquellos días utilizaremos los videos que Peter Owen Jones ("vicario" de la iglesia anglicana) grabó en Allahabad, en el 2004, cuando fue a conocer el Kumbh Mela. No es muy distinto de lo vivido por Joshi, un acercamiento a lo divino a través de esta tradición espiritual milenaria.

El protocolo para convertirse en un sadhu comprende la búsqueda de un gurú (el iluminador del conocimiento en la oscuridad de la ignorancia), la adopción de la disciplina, el autosacrificio, la austeridad, el servicio, todo eso dentro de la organización de las escuelas diferentes de santidad o akaras. Como veremos el Kumbh Mela es un gran espectáculo humano, mezcla de la feria de abril y del Rocío. Algo digno de conocerse y que iremos presentando poco a poco en próximas entradas.




ASCENSO A BORREGUIL O BELBÚN ( 1423 METROS ) LÍMITE DEL ALMIRADÍO DE NAVASCUÉS CON EL VALLE DEL RONCAL.

   La visita a esta montaña la teníamos pendiente en nuestro calendario desde hacía bastante tiempo, por lo que aprovechando la bonanza que la meteorología nos ofrecía, decidimos ir hacia ella el día 12 de Enero. Por la situación y altura de este monte teníamos que realizar la ascensión a Borreguil (1423 metros de altitud), enclavado en el prepirineo navarro, antes de la llegada de un anunciado temporal de nieves.
   El día elegido, nos dirigimos por la Autovía del Pirineo A-21 en dirección hacia la Comunidad de Aragón. Dejamos la Autovía en la salida 35 en dirección a los Valles de Roncal y Salazar, tomando la carretera NA-178 en dirección Lumbier-Navascués. Ya en este municipio, nos dirigimos hacia el Valle de Roncal por la carretera NA-214. La salida hacia el monte Borreguil, la vamos a realizar desde el alto del puerto de las Coronas (1168 metros), limite entre el Almiradío de Navascués y el Valle del Roncal.
Puerto de las Coronas (1168 metros de altitud).
Aparcamiento e inicio de la subida a Borreguil.

   Esta montaña también dominada Belbún, es la máxima altitud de la Sierra de Illón entre Almiradío de Navascués y el Valle del Roncal. Son también alturas importantes de esta sierra las cimas de Illón (1203 metros), y San Quirico (1172 metros), visitados en otra ocasión. La cumbre de este monte, también marca el límite de la Comunidad Foral de Navarra y la de Aragón. El vocablo "borreguil" es una voz jacetana que se usa para definir "montaña con laderas herbosas", que son precisamente las de la cara sur del monte, las que descienden hacia tierras aragonesas.
   La subida la iniciamos en el Puerto de las Coronas siguiendo la Cañada Real de los Roncaleses, en dirección este-noroeste por camino balizado. La subida inicial es una pendiente moderada hacia los llanos de Ollate (1130 metros).
   La ascensión es cómoda, por la amplia cañada, limite de los valles, lo que permite observar bellas imágenes de la cumbre rocosa donde se sitúa la ermita de la Virgen de la Peña. La subida es ahora más suave, a través de una amplia pista, pasando al lado de una finca con una bonita construcción rodeada de una reciente plantación de arbolado. A partir de este lugar, después de un trecho no muy largo atravesaremos una puerta, situada al lado de un denominado "paso canadiense".
Subiendo por la Cañada real de los Roncaleses.
Al fondo la cima donde esta situada la ermita de
la Virgen de la Peña.

   Continuando por la pista balizada que recorre ahora la base del monte Borreguil, llegamos al raso de Legaroz (1160 m.), hermoso prado que tiene  una cabaña, refugio para los pastores en caso de necesidad. Siguiendo por la senda balizada con una pendiente muy suave, en algunos tramos descendente, llegaremos al denominado collado de Ollate.
   Al llegar a las proximidades de este lugar, tenemos que abandonar la Cañada Real de los Roncaleses y tomar una senda que inicia ahora el ascenso con una mayor pendiente hacia Borreguil. La entrada a esta senda está marcada con un agrupamiento de piedras.
   Después de un corto recorrido atravesaremos una alambrada penetrando ahora en una zona boscosa, compuesta esencialmente por un pinar, y conforme asciende la empinada senda desaparecen los pinos, siendo sustituidos por un hermoso hayedo.
   El camino en su conjunto, esta muy señalizado, alternando cintas de colores, con manchas de pintura en los troncos de los árboles y montones de piedras (hitos), que hacen sencilla la identificación de la ruta.
   En esta época invernal en la que realizamos el ascenso, el perfil del camino de subida es notorio, ya que al estar las ramas de los árboles desprovistas de hojas, se pueden observar largos espacios de la ascensión.
Raso próximo a la cima rocosa del monte Borreguil.

   El mullido suelo de hojarasca hace agradable el recorrido del camino, que sigue desplazándose por el cordal de Borreguil, sin dirigirse hacia ambas laderas, para alcanzar la cima. Al final del bosque, llegaremos a una zona despejada próxima a la cima, seguimos por este raso y aparece pronto la cumbre rocosa recubierta de abundante vegetación de arbustos. Una pequeña subida sorteando los abundantes matorrales de boj nos coloca en la cima de Borreguil.
   Desde este lugar identificado por un pequeño buzón elevado sobre un soporte metálico, podemos observar una amplia panorámica. El día es gris y nuboso, pero nos permite contemplar, una buena parte del valle que recorre el río Esca, dirigiéndose hacia su final en el embalse de Yesa. Al fondo del valle aparece la población de Salvatierra de Esca, perteneciente a la comunidad aragonesa. La niebla nos impide contemplar los Pirineos que se intuyen en lontananza y desde donde nacen los fríos vientos del Norte que nos obligan a buscar refugio.
   Después de las acostumbradas fotografías, descendemos ligeramente para encontrar un lugar abrigado donde los amigos "matarrasa", tomamos el acostumbrado almuerzo, al tiempo que comentamos las incidencias del camino de ascenso hacia la cumbre.
   Al finalizar el almuerzo el amigo Fernando nos sorprende con el ofrecimiento de un vaso de te caliente, que ha transportado en un termo desde su casa, y que nos reconforta del frío ambiente del lugar en donde nos encontramos.
 Los amigos "matarrasa" visitando
el dolmen de Legaroz.
   Después del refrigerio iniciamos el descenso por el mismo camino de la subida. Al llegar al portillo de Ollate, antes de completar el descenso, realizamos una visita al dolmen de Legaroz, que está próximo al camino de regreso hacia el puerto de las Coronas.
   Este dolmen se encuentra al oeste del raso de su nombre, al norte del Borreguil a una altura de 1115 metros. Se compone de un túmulo de unos 10 metros de diámetro por 0,6 metros de alto, rodeado totalmente de matorral de boj. En su interior se encuentra parte de la cámara, de la que quedan dos losas de pie: una la más pequeña, que podría ser el lateral de la cámara y otra mayor, apoyada en aquella que pudiera ser la cubierta o el otro lateral. Su orientación es por ello muy difícil de determinar.
   Ubicados en los rasos de Legaroz y de Ollate podemos visitar otros dolmenes como el de Turendo, el de la Balsa del Portillo de Ollate, el dolmen del Puntallo de las Cabezas y el dolmen de Claverito. Situados estos monumentos megalíticos en lugares especiales, que componen estos hermosos y herbosos prados,  fueron con seguridad lugar de residencia y pastoreo de los hombres y mujeres del Cuaternario.
  Después de la visita a estos lugares, retomando la Cañada de los Roncaleses en dirección opuesta al camino de ascenso, retornamos al lugar de partida en el alto de las Coronas, y de este lugar a nuestra residencia en Pamplona-Iruña.
   Recomendamos este bonito recorrido para cuantos deseen conocer una parte de los caminos de la trashumancia de los rebaños de ganado, en sus desplazamientos en busca de los pastos de temporada, desde la Montaña a la Ribera en invierno y en dirección opuesta en verano.